Nuevo contrato social

¿Es necesario un nuevo contrato social en Venezuela?

Viendo nuestra historia reciente, no hay duda de que en el transcurso de los últimos 20 años ha venido emergiendo un nuevo hombre, un nuevo venezolano que dista mucho de ser lo que era hace 20 años. Los cambios van ocurriendo sin pausa al punto de transformarnos en algo en lo que no nos reconocemos.

El problema radica en que lo nuevo no precisamente es mejor. Ya no nos caracteriza la alegría o el buen humor, sino “el dolor”. Un dolor que sabe a pérdida: a pérdida de la familia, de la salud, de los servicios, del empleo, del salario. Hemos sido despojados de todo aquello que nos hacía sentir seguros de nuestra venezolanidad, porque ahora hay un matiz de vergüenza en el gentilicio, al considerársenos pobres mendigos en un país rico.

Esto no puede ser calificado sino como una tragedia. Y cada tragedia familiar se ha ido sumando hasta convertirse en colectiva, en tragedia nacional.

Existe en el ánimo de la sociedad en estos momentos el deseo irreprimible de un cambio, el sentimiento de que no nos merecemos lo que estamos viviendo, pero no hemos podido dar con la clave para eliminar tanta desesperanza, porque pensamos que un eventual cambio debe ser de naturaleza política, y que producido éste, toda la situación repentina y súbitamente mejorará y volveremos a los tiempos de abundancia de manera instantánea… Pero no es así. Al producirse un cambio político sin que haya un cambio de conciencia ciudadana, éste no se sostendrá y muy probablemente en pocos días volvamos a la situación de la que quisimos salir, o quizá peor.

Por otra parte, no contamos con las instituciones que todo país tiene para darle certeza y confianza a sus ciudadanos; y el Estado de Derecho hace tiempo se perdió en algún oscuro recoveco. En suma, los ciudadanos nos sentimos desubicados, sin propósito, sin porvenir cierto, y perdida toda esperanza como el Dante a las puertas del Infierno. Sin embargo, casi por inercia todos los días salimos aquellos que todavía tenemos la fortuna de contar con un trabajo, a deponer por unas horas nuestra angustia y dar lo mejor de sí. Y todavía hay empresas que resisten a la espera de un mejor tiempo, y aunque con mucha dificultad, sus puertas siguen abiertas.

Segundo Tiempo

Allí al interior de cada empresa en el pequeño mundo de los que la habitan (operarios, gerentes, todo el personal) hay dos sentimientos que se yuxtaponen como una montaña rusa: a ratos eufóricos y llenos de esperanza; y a ratos absolutamente pesimistas y desilusionados. Y siempre presente la incertidumbre.

La pregunta que fatalmente surge es: “en las actuales condiciones ¿acaso puede una persona individualmente considerada hacer algo por Venezuela?

La respuesta es Sí, pero solo si cada uno de nosotros empezamos por cambiar nuestros paradigmas para poder lograr un tejido ciudadano distinto y cohesionado. Y cuando decimos distinto queremos decir, diferente a lo que éramos hace 20 años, y diferente a lo que hemos sido durante estos 20 años.

Para ello debemos comenzar por ver las causas de los males producidos, y no las consecuencias porque esas son más que evidentes. Entre las razones por las que estamos en este embrollo, nos surgen unas muy resaltantes:

EL CORTOPLACISMO, la necesidad de satisfacción inmediata, la impaciencia, la falta de metas y propósitos.

LA IGNORANCIA, por falta de información le creemos a cualquier charlatán que quiera vendernos su mercancía en desuso.

LA PERDIDA DE VALORES, la riqueza súbita, la corrupción, la impunidad de los delitos, el mal ejemplo de los líderes, la viveza criolla, la promiscuidad, el desmantelamiento de la familia, el embarazo adolescente, la pérdida de la fe religiosa.

LA DECADENCIA DE LOS LIDERAZGOS, los modelos de la conducta social ya no son las personas ejemplares de moral elevada, de hablar correcto y vestir adecuado, sino el pranato es el ejemplo a seguir por los muy jóvenes porque la delincuencia es una actividad rentable y con impunidad asegurada, y si no respeto, por lo menos otorga el poder que inspira el temor.

LA LUCHA DE CLASES: rémora de siglos pasados cuando Marx y Lenin la utilizaron como motor para ganar la simpatía política de una clase sometida a bastantes penurias, en países ignotos, con climas cruentos. En Venezuela puede hablarse de intereses antagónicos entre trabajadores y empleadores, pero nunca existió en el pasado algo tan duro que pueda ser catalogado de lucha de clases; pero esta idea sembrada con intereses políticos y cuidadosamente cultivada, es la que mayor daño nos ha hecho, como personas al destruir la autoestima del venezolano, y por ende como país. Este fue el país con mayor movilidad social desde mediados y hasta finales del Siglo XX. Movilidad obtenida gracias al esfuerzo de la gente mediante la inversión y el trabajo.

Tercer Tiempo

Mientras el pensamiento de la gente de trabajo, bulle mortificada por sus propios problemas buscando con la mirada a ese empleador a quien percibe paternalistamente, éste también anda imbuido en cómo sobrevivir “un día más” porque ha recibido golpes extremos durante estos últimos años, y es ciertamente milagroso que haya sobrevivido. Algún día este período será conocido como la ÉPICA INDUSTRIAL.

En conclusión se crearon con todo éxito, espejismos que condujeron a una crisis sistémica, en progreso y estabilizada, dentro de la cual hay DOS SOBREVIVIENTES a bordo de una misma balsa. Y el tema parece reducirse a ponernos de acuerdo para remar todos al mismo tiempo y en la dirección que los conduzca a ambos hacia su mejor futuro posible. Para ello es imprescindible que los que están dentro del bote TOMEN CONCIENCIA de la necesidad de llegar a un acuerdo.

Entonces por donde empezar

Pareciera de Pedrogrullo que debemos comenzar por la toma de conciencia, y para ello debemos separar la paja del grano. Estamos agobiados por cientos de problemas, pero la solución de la gran mayoría de ellos no está en manos de la gente. Entonces dejemos de preocuparnos de ellos y centrémonos en lo que puedo cambiar. Y lo que puedo cambiar es precisamente el nivel de conciencia de manera de elevarnos por encima de las adversidades y entender que si no cambia el ser humano, no cambiará su núcleo familiar, y en consecuencia no cambiará su comunidad, y por lo tanto no cambiará su entorno, y mucho menos el país.

“Yo cambio si tu cambias”

Todos estamos esperando de los demás pero obviamos mirarnos en el espejo y contemplar nuestros defectos y carencias. Entonces lo primero es desear el cambio. Pero como provocar ese deseo: no hay otra manera mas que revisando que hemos hecho mal o que hemos dejado de hacer, y entendiendo que con nuestra actitud podemos ir creando y modelando las transformaciones que el país requiere.

La revisión solo es posible si tenemos suficiente “Información”. Si no estamos informados no sabemos con exactitud que está mal y como se puede corregir. Entonces es a través de la información de alta calidad, correcta, objetiva, despolitizada acerca de lo que aquí ocurre, y compararla con otros países que tienen un gran bienestar, puede despertarse el deseo de cambio.

El deseo de cambio a su vez implica tener una visión que vaya más allá del corto plazo; es atreverse a soñar con un futuro mejor para sí mismo en primer lugar, para su familia, su entorno y por supuesto su país. La visión de futuro hay que transformarla en una meta y asumir el compromiso de realizarla.

Si tenemos información para provocar el deseo de cambio y un proyecto para concretar ese cambio, entonces debemos luchar juntos para rescatar los valores que una vez nos fueron comunes. Esto no es difícil, basta transformar nuestros valores en normas; y las normas en actitudes, en comportamientos que modelen a la comunidad de trabajadores y luego traspasen las puertas de la empresa para modelar la familia.
Solo así podremos volver a tener líderes con integridad, con visión de futuro, que no tengan la necesidad de culpar a otros aceptando el indigno papel de víctimas. El liderazgo es la capacidad que tenemos los seres humanos de enfrentarnos a las circunstancias sin miedo de asumir las responsabilidades que nos correspondan y ser el protagonista de nuestra propia vida.

Las bases de un acuerdo social dentro de la empresa

Sin duda la empresa debe comenzar por cuestionar la forma como hasta ahora ha hecho las cosas con su gente. Rescatar aquello que le está permitiendo sobrevivir y desechar aquello que le impide avanzar a una mayor prosperidad:

  • ¿Qué ventajas ofrece al trabajador la manera cómo hacemos nuestro trabajo?
  • ¿Qué le ofrecemos a nuestros trabajadores, más allá de lo económico?
  • ¿Cuáles son nuestros valores compartidos?
  • ¿Qué es lo que queremos que sea nuestra empresa?

De nosotros depende tomar la decisión de cambios, y asumir que con la decisión que tomemos es con la que vamos a vivir, y definirá la manera cómo vamos a convivir con los trabajadores.

El Acuerdo Social que se celebre en micro, será el fundamento para el cambio de nuestro país, y ese cambio será comenzado e impulsado desde las bases mismas, y por eso será tan fuerte como un estuco; si nos damos la mano, el nuevo contrato social en cada empresa, será el verdadero plan estratégico para construir el país que queremos; un país próspero, de respeto y de libertad. La mejor manera de comenzar un proyecto de país, es con un gran acuerdo entre los trabajadores y los empresarios.

De nosotros depende ponerlo en acción, si queremos vernos como enemigos y consolidar el mito de la lucha de clases, o queremos vernos como los dos factores que pueden poner en marcha el progreso del país.

 

Maryolga Girán Cortez
mgiran@giranlaw.com
www.giranlaw.com